Resumen/Análisis: El secreto de educar niños felices y seguros -Tracy Hogg

Capitulo Primero – Parte I

¿Cómo no adorar a su caminador?

Los Bebés, una vez más

Mientras la autora escribía este libro, se reunió con algunos bebes que habían asistido a sus grupos, dejo de verlos entre los 2 y 4 meses de edad, ahora se reencontraba con ellos siendo mayores de un año, todos unos caminadores. Aunque se reconocían sus rostros, estos bebes no eran los mismos de hace unos meses, ahora corrían, brincaban, saltaban, etc. La autora describe a estos cinco pequeños con el fin de ejemplificar a las nuevas madres los tipos de niños que podemos tener. Teniendo en cuenta que son parámetros y que todos los niños son distintos, pueden tener cosas de varios tipos. 
Estaba Raquel, sentada en el regazo de su madre observando los otros niños, era la misma niña que cuando bebe lloraba ante el rostro de extraños. Linda, por su parte seguía siendo la niña más activa de los niños reunidos. curiosa con todos los juguetes. Carlos, quien alcanzo todas sus metas de desarrollo justo a tiempo, jugaba cerca a la mesa de cambiar, le resultaba más interesante las figuras brillantes de la caja de figuras, se sabia los colores y en que hueco cabía cada figura. Alejandro, estaba solo en el jardín, alejado de los demás niños, desde bebé siempre parecía pensativo y ahora meses después, mantenía la misma expresión. Por Ultimo estaba Andrea, una de las bebés favoritas de Tracy, amistosa y capaz de adaptarse, desde pequeña nada la perturbaba y ahora que Linda trataba de quitarle su juguete, seguía manteniendo la calma. Aunque estos niños estaban año luz de cuando Tracy los había dejado, cada uno de ellos seguía manteniendo su yo infantil. “Su temperamento se había convertido en personalidad. Ya no eran bebés sino cinco personitas diferentes.”(Ibid. Pág 13).

Naturaleza y crianza: Un equilibrio delicado 

Numerosos estudios han demostrado que cada niño viene al mundo con una personalidad única, esto ha hecho que se disminuya en cierta forma la culpabilidad de los padres en la forma de ser de los niños. Sin embargo, no quiere decir que no seamos importantes para la crianza. Hay una linea débil entre la genética y la crianza pues si hay predisposiciones que se adoptan con respecto a la crianza. La autora muestra dos casos específicos. El primero que aunque los gemelos cuentan con la misma conformación cromosómica y las mismas influencias de los padres, no necesariamente tienen la misma personalidad. Y por otro lado, el caso de los niños adoptados, se ha probado en distintos casos que cuando un niño es adoptado y viene de padres biológicos alcohólicos o que padecen alguna enfermedad mental. No siempre llegan a padecer estos problemas cuando se crían ambientes cálidos y afectuosos. Pero no se puede descartar que hay casos en los que la mejor crianza sucumbe ante la herencia. 
Entonces, no se ha podido establecer exactamente como funcionan la naturaleza y la crianza pero se sabe que funcionan juntas. Por tanto, se debe respetar al niño que tenemos y así mismo darle apoyo necesario para desarrollar y manejar su personalidad. .
Lo primero que hay que hacer es entender y aceptar al niño que tenemos. Lo primero que debe hacer es conocer a su hijo. Saber que clase de niño tiene, sus talentos, sus problemáticas, si necesita estímulos o autocontrol, entre otras. La idea es observar al caminador, quererlo como es y acomodar sus ideas y comportamientos de la mejor forma para su desarrollo. “Piénselo: Jamás le pediría a un adulto que odia los deportes que juegue fútbol con usted. Tampoco le pediría a un ciego que se uniera en una expedición para observar aves”. En este orden de ideas, si conoce a su hijo podrá guiarlo y rodearlo de un ambiente adecuado. 
Puede ayudar a su hijo a sacar partido de su manera de ser. Si conoce a su hijo puede generar estrategias que le ayuden a sacar lo mejor de si, pues la biología no es una sentencia de por vida. Cuando se conocen los temperamentos se puede planear con anticipación y controlar lo que podría ser un problema o defecto. 
Usted también debe asumir la responsabilidad de sus actos, al margen de las necesidades de su hijo. Usted es quien moldea a su hijo, así que si por ejemplo un caminador llora constantemente, no quiere decir que sea obstinado o necio. Sólo hace lo que sus padres le enseñaron a hacer. Esto se puede explicar porque desde pequeños cada vez que el bebe empezaba a llorar, sus padres dejaban de conversar, lo alzaban o empezaban a jugar con el. Mamá y papá pensaban que era la reacción correcta, mientras el bebé estaba aprendiendo que llorar era un método a prueba de balas para llamar la atención. Esto es lo que Hogg llama la crianza accidental. Y se puede iniciar cuando el niño esta bebé y durar hasta los primeros años de vida a menos que los padres se den cuenta de las consecuencias de su comportamiento. 
Su percepción de la naturaleza de su hijo decide su manejo. Algunos niños son más difíciles que otros. Se sabe que la personalidad del niño puede influir en las reacciones de los padres. Pero todo depende de la perspectiva. Sí una madre tiene un niño tempestuoso y exigente puede reaccionar fuertemente asegurando que es incontrolable, sin embargo, otra madre podría decir que el niño es seguro y sabe lo que quiere. Así mismo, si un padre tiene un hijo tímido, puede molestarse, pero otro padre podría ver esto como algo positivo, que analiza cada situación. El avance que tenga el niño depende de como los padres vean las características de la personalidad de su hijo. Y saquen o incentiven lo mejor de esto.

En la próxima publicación aprenderemos quien es nuestro caminador y como trabajar con esto para sacar lo mejor de el.